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El Vejigazo
- Yaniris López
Un sonido seco seguido de un dolor intenso que hace que te hierva la sangre se escucha cerquita. La rabia se apodera de ti. Un segundo golpe te deja sin fuerzas, seguido de una palabrota amortiguada por el dolor, un dolor tan fuerte que te priva, es decir, no te deja siquiera reaccionar, correr, pedir auxilio…
 
Y a medida que la sangre y los músculos asimilan el golpe llega la risa, una risa rencorosa que te recuerda que nadie te obligó a lanzarte a las calles y exponerte a los vejigazos de los diablos del carnaval de La Vega…
 
La escena se repite cientos de veces cada domingo de febrero a unos 125 kilómetros al norte de Santo Domingo, en una tierra agrícola, culta, olímpica y ecoturística de aproximadamente 213,658 habitantes que se convierte, para estas fechas, en anfitriona de la más esperada fiesta callejera dominicana: el carnaval vegano.

Más de 50 mil personas por domingo se pierden en una mancha humana que recorre la avenida Padre Adolfo a ritmo de merengue, salsa y reggaeton. Todos bailan, gritan, toman cerveza en bacinillas de colores y le huyen a las vejigas de los diablos cojuelos, los grandes protagonistas del carnaval de La Vega.

Un momento, ¿huyen? Hay quienes lo hacemos, sí. Muchos, incluyendo turistas ya prevenidos. Primero nos tomamos las fotos con los diablos -porque los diablos también son comparones y les gusta figurear- y luego echamos a correr o nos separamos lo más rápido posible.

Golpéame, por favor
El dolor producido por la vejiga cayendo de repente sobre la piel, sobre los glúteos, en los muslos, en las piernas, hace que el más tímido y pacífico de los mortales explote, se retuerza y pegue un grito. Siempre y cuando no haya solicitado el golpe, claro.Porque  no todos corren ni se asustan. En ese mar de gente ocurre un acto de masoquismo que hace que el carnaval vegano sea, además de colorido, organizado, bulloso y “culto”,  particularmente especial.

Para valientes
Quienes hemos “probado” una vejiga del carnaval vegano podemos decir que se trata de un acto de valentía. El resultado de la dulce paliza son moretones negros y verdes repartidos por toda la parte baja del cuerpo, pieles desgarradas y marcas que, aunque se borren en poco tiempo, no dejan de provocar escalofrío.  Un blogero amigo, vegano, que responde al nombre de Baakanit y que considera que hablar de masoquismo es una exageración, lo tiene claro: “La apretujadera, el corre-corre, es de lo mejor, a los que nos gusta elevar nuestra adrenalina nos encanta ese juego.